martes, 13 de mayo de 2014

De Fátima, la Iglesia y el Demonio

Dios Misericordioso, que has alegrado al mundo contigo por la Resurrección gloriosa de Tu Hijo, concédenos por Sus méritos conocer la Verdad de Tu Amor, para que por el Inmaculado Corazón de nuestra Señora, la Siempre Virgen María, podamos ser motivo de salvación para los que nos rodean.
Reintegrándonos a nuestras labores reflexivas, la victoria de la Cruz no parece ser un mensaje atractivo para todos. El Señor habla de que hay un ladrón y bandido que se encarga de robar, matar y hacer estrago (cf. Jn. 10, 1.10), y dice que quienes no le creen no son ovejas suyas (cf. Jn. 10, 26). En esto pudiéramos resumir todo el gran desorden que hay en este mundo: sólo quienes obedecen a Cristo son de Cristo.
Para la gloria de Dios se ha cancelado la “misa” negra que tendrían ayer grupos satánicos de Harvard, pero lo que preocupa no es la publicidad, sino la intención. Esa “misa” negra, en la que se profana y deshonra el Santísimo Cuerpo de Cristo —i.e., la Eucaristía, para aquellos que quieren hacerse los más torpes— no es la única que iba a ocurrir, sino la única que fue publicitada. ¿La intención? Proponer otra manera para llevar la contraria a la Iglesia. Estrategias del enemigo diabólico.

Aclaremos las cosas. Satanás no es el archienemigo de Dios, ni el rival de Jesucristo como tantos cristianos con mentalidades mal formadas piensan. Jesucristo es Dios, la Santísima Trinidad toda es Dios; Satanás y los otros demonios son creaturas. Fueron ellos creados por Dios y, por lo tanto, no son iguales a Dios. En su naturaleza, los demonios son iguales pero contrarios y opuestos a los ángeles. Pero, en su finalidad, los demonios son iguales pero opuestos a la Iglesia: el “dia-bolos” se mete en medio y quiere separar; la “ekklesía” reúne en nombre de Dios y crea fraternidad.
Es por esto que la gran treta del demonio consiste en poner al mundo en contra de la Iglesia. Cuando digo “Iglesia” no me refiero a cualquier denominación cristiana, sino aquella donde existe la santa Eucaristía, y donde los satánicos procuran obtener una Hostia Consagrada para hacer sus macabros y torcidos ritos contra el Amor y la Misericordia de Dios. Satanás en el Génesis quiso que los primeros seres humanos fueran como Dios pero lejos de Dios… y esto mismo es lo que procura hoy.
El verdadero y gran mal ocurre lejos de nuestra vista, en el interior de cada corazón, en lo implícito del mal que ahora hemos permitido casi como normal. Ahí ocurre la verdadera siembra del maligno. Oponerse al mensaje de Cristo parece ser el nuevo entretenimiento de muchas instituciones famosas, pero el Cristo predicado por la Iglesia Católica. ¡Qué curiosidad que esto sólo ocurra en contra de la Iglesia Católica!
Ya nuestra Señora en Fátima nos advertía contra estos peligros y contra las desobediencias al Magisterio. Y se mostraba el infierno y las almas torturadas. Pero esta realidad no queremos predicarla, porque preferimos la mentira nefasta de que Dios es tan Misericordioso que nadie irá al infierno. ¡Embuste! ¡Mentira! ¡Engaño! Dios es Misericordioso, pero Su Misericordia llega hasta nosotros como lo esperamos de Él (cf. Sal. 33, 22): si no queremos recibir Su Misericordia porque estamos ocupados en llevar la contraria a la fe que nos enseña la Madre Iglesia, sólo tenemos el infierno como camino.
Pidamos con sincero corazón que estas faltas que cometemos se reparen, que el Sacratísimo Corazón de Jesús ya no llore, y que el Inmaculado Corazón de María tenga consuelo. Que convirtamos a los demás con nuestro testimonio, y los salvemos de la mentira del padre de todas las mentiras que es el demonio. “Oh, Jesús mío, perdona nuestras culpas y pecados. Líbranos del fuego del infierno, y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu Misericordia. Amén”.

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