martes, 24 de septiembre de 2013

¿Qué Hacer con los Medios de Comunicación?



¡Que Dios nos enseñe a ser misericordiosos con todos, empezando con nosotros mismos, para que podamos ver Su Maravilloso Plan en acción! Que por la intercesión de santa María, Señora de la Merced Divina, seamos motivo de salvación para los demás.
Hay blogs, hay videos, hay redes sociales muy conocidas, hay feeds, hay asociaciones, hay todo tipo de manera de emitir una opinión y que alguien la lea, la vea o la escuche. Vivimos entre comunicaciones constantes por el teléfono móvil, por las tabletas, por las computadoras… La Iglesia no debe quedarse detrás en esto, porque comunicar la Salvación es parte de su naturaleza misma. Por ello, los padres conciliares elaboraron el Decreto Inter Mirifica (IM), sobre los medios de comunicación social. Pero, ¿estamos los cristianos contribuyendo?
Hay dos grandes áreas que debemos ver para poder reflexionar sobre este tema: primero, los cristianos que no trabajan en los medios de comunicación social, y, segundo, los cristianos que trabajan en los medios. La diferencia es necesaria porque, claramente, no todo el mundo puede estar trabajando en radio, prensa, televisión, cine, teatro… Además, aunque muchos tenemos cuentas en Twitter, o Facebook, o Instagram, o cualquiera otra red, no todos publicamos contenido con mucha frecuencia.
Sobre los cristianos que no trabajan en los medios, es bueno que sepan que son receptores de los contenidos de los que trabajan en ellos. Nosotros somos los destinatarios de la información, y no siempre la información es moralmente aceptable. Estamos en un mundo en el que los estándares morales han desaparecidos, ya no se propician principios éticos, no hay códigos en las familias; los jóvenes pueden hacer lo que quieran, siempre que no interfieran con las responsabilidades mínimas que les ponen los padres; los padres ni se interesan por sus hijos —o se interesan, pero no lo comunican—, y le propician el uso de medios de comunicación social como “formadores” suyos.
Para que los destinatarios de la información cumplan con la ley moral, deben cuidar de informarse oportunamente sobre los juicios o criterios de las autoridades competentes en esta materia y de seguirlos según la norma de la recta conciencia” (IM 9), esto es, hay que tener una conciencia moral formada y guiada conforme a los valores de la fe. Esto no quiere decir que hay que ver sólo películas o canales religiosos o escuchar sólo la música religiosa, sino que debemos admitir las cosas que son buenas, bellas y verdaderas: “Todo lo verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza, debe ser el objeto de sus pensamientos” (Fil. 4, 8).
Los cristianos que trabajan en los medios de comunicación sepan que deben tener un extremo cuidado con lo que comunican, ya que la palabra es semilla. Si la palabra cae en tierra fértil, crece y da frutos; pero si la palabra es semilla de cizaña, también crecerá y dará frutos malos. Hay falsas doctrinas sobre ética y estética que se nos transmiten a cada instante (IM 6), y el derecho del ser humano no es la información sobre lo falso, sino sobre lo verdadero (IM 5); esto debe saberlo el cristiano, aunque trabaje en medios no religiosos. ¿Cómo es posible que, para atraer jóvenes, haya que poner música deshumanizante y deshonrosa, o vestirse con pantalones demasiado cortos o blusas muy reveladoras? Por más que queramos justificar esta actitud, ella sólo se encarga de sembrar semillas de discordias y de incoherencia. No es sólo el arte en lo que debemos ser instruidos, sino en las doctrinas y costumbres de buena moral (IM 15).
Mentir es difícil, porque el ser humano fue hecho en la Verdad y para la Verdad; va en contra de nuestras neuronas apelar a la mentira. Sin embargo, nos dejamos asociar tan fácilmente a lo cómodo, al pecado, que mentimos como expertos y ponemos pantallas para que no nos cuestionen. Hermanos y hermanas, filtremos la información con una buena formación. Si Cristo no es el que se revela en tu persona a través de lo que publicas o recibes en los medios, entonces cambia y conviértete en evangelizar a tiempo completo.

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