martes, 12 de febrero de 2013

Una Pausa en el Sacrosanto Concilio



Buen día, hermanos. Que Dios haga de nosotros hombres y mujeres que prediquen con autoridad su fe, y que, por la intercesión de santa Eulalia, sepamos llevar este mensaje a todos los que nos rodean.
Se hace necesaria una pausa en las reflexiones debido a la dimisión del Santo Padre anunciada ayer, y al inicio de la Cuaresma a partir de mañana. Sin embargo, no está nada en nuestra fe desvinculado. Luego tendremos tiempo de reflexionar sobre el tema de la “necesidad de promover la educación litúrgica y la participación activa” (cf. Sacrosanctum Concilium), sin embargo, hemos visto que es este pontífice actual quien más ha hecho énfasis en la importancia de conocer nuestra fe y de profesarla en la Verdad. Por igual, justo esto se hace necesario en este tiempo litúrgico que iniciaremos: ¿para qué ponerse cenizas? ¿Te la quitas luego? ¿Te avergüenza profesar tu fe?

El santo padre Benedicto XVI ha servido casi 25 años como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y luego casi 8 años como Sumo Pontífice; estos son casi 33 años de una “vida pública” de entrega total a la Verdad, al servicio de Cristo en los hermanos. ¿No parece su vida la de otro Cristo entre nosotros? No hay por qué tomar su renuncia como una actitud cobarde o con ideas conspiracionistas. Ha sido esta columna que llamamos Benedicto XVI quien ha devuelto la Verdad que se había diluido en comodidades a la Iglesia. La Fe debe ser vivida con conciencia y de manera activa, pero la prudencia es la “auriga virtutum”, es decir, la virtud de oro porque modera las demás indicándoles regla y medida (cf. CIC 1806). ¿Acaso este hombre que encabezó la composición del Catecismo podría contradecirlo? Sólo si no viviera la fe que profesa.
La Cuaresma es humildad, es reconocer que Dios es quien hace todo en nosotros. Pero, por igual, es reconocer que Dios utiliza nuestras cualidades humanas para hacer llegar Su Reino entre nosotros. La Cuaresma debe llevarnos a conocer profundamente nuestra Fe y a amarla, para que ese Amor se refleje en nuestra cotidianeidad. Eso nos ha enseñado también la decisión de renuncia del Papa: no tenemos por qué seguir creyendo que somos indispensables en algo, cuando el indispensable es Dios Trino y Uno. “Ni el que planta ni el que riega valen algo, sino Dios, que hace crecer” (1Cor. 3, 7). Eso es humildad, eso es responsabilidad, eso es justicia. En Cuaresma hacemos un esfuerzo para ser más humildes y justos y responsables según Dios; he ahí un testimonio de Fe verdadera, una Cuaresma aplicada.
La manera en la que hemos venido reflexionando con el Concilio Vaticano II debe llevarnos a ser más reflexivos y menos ordinarios en el raciocinio. La manera en la que hemos tratado de hacer de nuestras vidas una encarnación de Jesucristo debe hacernos ver al mismo Señor en los acontecimientos diarios. Justamente en el Año de la Fe, convocado por él mismo, es que Benedicto XVI ha decidido renunciar. ¿Acaso no es esto sinónimo de que él entiende perfectamente que estamos lo suficientemente cimentados en nuestra fe como para que no necesitemos de una persona humana específica para seguir viviéndola y renovándola en nosotros? Esta es la hermenéutica de la continuidad de la que él mismo hablaba del Concilio Vaticano II: no hay que ver la fe renovada como algo que anula lo anterior, sino como algo que lo complementa; no hay que ver la renuncia como un adiós y se acabó, sino como un ceder paso a nuevos bríos.
Una cosa te pido hoy. Una sola cosa solicito de ti. Si, luego de caminar tanto tiempo en la fe o de haber profundizado como hasta ahora, todavía ves el acontecimiento de ayer desvinculado del de mañana, empieza de nuevo tu caminar, porque te has desviado. Si el testimonio de Benedicto XVI es insuficiente para que puedas vivir la Cuaresma y, luego de ella, la Pascua y todo el año litúrgico, algo anda mal. Haz una pausa en todo lo que dices profesar, vuélvete a Cristo y retoma las riendas de tu vida según Cristo. Así podrás llenarte de humildad, ocupar el lugar que te corresponde, y reconocer que Dios es quien siempre guía la Iglesia, quien siempre guía tu vida. Buen inicio de la Cuaresma.

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