miércoles, 11 de abril de 2012

MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA: Esta es la Noche

¡Jesucristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! Que Dios Omnisciente nos instruya con Su Santo Amor, para que, por la intercesión de todos los santos, en especial la de santa Gemma Galgani, seamos capaces de ver la largueza de Su Voluntad en nuestras vidas y podamos imitar la Vida de nuestro Señor Jesucristo, Su Hijo.
¿Qué ha hecho Jesucristo por nosotros? ¿Cuál ha sido su gran Misión? Nos dice el pregón de pascua que “Él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando Su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado”. ¿Había una deuda? Claro que sí la había. Todo había sido creado a la perfección: las plantas, los animales, el ser humano hacían lo que tenían que hacer y no se avergonzaban de hacerlo, sin embargo, al desobedecer, fueron castigados todos por la culpa de uno solo: el ser humano. El suelo fue maldito por Dios y habría de trabajarlo para ponerlo a producir bienes (cf. Gén. 3, 17). Por la culpa del hombre fue dañada toda la creación, ya que ni los animales podían subsistir adecuadamente. Es más, el ser humano fue condenado a volver a la tierra, al polvo de donde fue sacado (cf. Gén. 3, 19). La muerte ya había entrado a la Creación. Esta deuda es la que Jesucristo paga, esta deuda con Dios y con la Creación.

El pecado produce consecuencias tanto eternas como temporales, y, cuando se perdona el pecado, al ser Dios tan bueno, se perdonan las consecuencias eternas, mas no se resuelven las temporales por sí solas. Además, se había firmado un recibo donde constaba que la muerte había entrado a la perfección de lo creado; el ser humano llevaría esa impronta de la muerte como recibo firmado ante Dios. Tanto el recibo fue cancelado como la deuda fue saldada, ambas cosas por Jesucristo, al haberse hecho Él mismo el sacrificio que agradaba a Dios: un ser humano como fue creado por Dios mismo en el principio, sin mancha, sin arruga, inmaculado. Sólo este ser humano original, este Adán antes del pecado, era capaz de agradar a Dios, porque andaba con Dios y hablaba con Dios (cf. Gén. 3, 8-9)… Era Imagen Suya, era Semejanza Suya. Era Él mismo; era Dios. Sólo asumiendo Dios aquello que habíamos creado nosotros con nuestros pecados, es decir, la muerte, podía hacer de la muerte algo nuevo, temporal y anulable. ¡Ya la muerte no es eterna!
¿Y cómo entender todo esto desde la historia de la Salvación que el mismo Dios nos ha contado a través de Sus portentos? Dios pasaba en medio de Su pueblo en la cautividad de Egipto y, cuando veía la sangre en las puertas de aquellos que le obedecieron en sacrificar un cordero sin mancha, (los animales no pecaron, puesto que ellos no tienen libre albedrío) no los aniquilaba; Dios ahora pasa entre nosotros, Encarnado en Jesucristo, en la cautividad del pecado en el que vivimos, y, como Él mismo se inmoló cual cordero sin mancha, Su sangre “consagra las puertas de los fieles” y nos lleva a la Vida. Dios hizo salir de Egipto a nuestros padres en la fe y los hizo pasar el mar Rojo; Dios nos saca por el Señor Jesucristo de este pecado haciéndonos pasar por el mar del Bautismo, por el cual llegamos salvos al camino de la Promesa. Dios esclarecía las tinieblas de la noche al iluminar con una columna de fuego el campamento; Dios esclarece las tinieblas del pecado al dejarnos en Jesucristo la Verdad plena que nos ilumina en comunidad.
Esta es la noche”, dice el pregón, en la que se hace la luz. ¿Por qué, si Jesucristo es Luz, quiso resucitar en la noche? Porque la noche fue lo que introdujimos en nuestras vidas llenas de Luz, porque las tinieblas son lo que necesita ser iluminado para ser visto, porque quiso hacerse de nosotros y para nosotros, como lo fuimos en el principio, cuando Dios era todo en todos. Y eso mismo es lo que desea el Señor Jesucristo al hacer que todo lo creado sea iluminado: que Dios sea todo en todos (cf. 1 Co. 15, 28). Y si Dios nos ha hablado a través de la historia de la Salvación de la manera en la que Él nos rescataría del pecado, y si la historia de la Salvación aún no acaba, sino que se continúa con tu propia historia, ¿por qué no te dejas iluminar por la Luz de nuestro Señor Jesucristo para ver las maneras maravillosas en las que Él te rescata de la podredumbre de vivir alejado de Él?
Todos “los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la Gracia y son agregados a los santos”, pero sólo a través de la Pascua, sólo a través del paso del  Señor y en el Señor. Nadie puede llegar a la Vida si no pasa por la muerte, ya que lo que fue condena para nosotros, fue también motivo de bendición una vez el Señor lo hizo de nuevo. Una nueva creación es realizada en cada uno de los que aceptan al Señor como Salvador y razón de su vida y ponen en práctica Sus enseñanza. “Esta es la noche” en la que ya no habrá más noche, en la que se iluminará el pecado de tu vida, pero no para avergonzarte de ti mismo, sino para poder ver lo malo que es para ti, lo saques de ti, y dejes espacio para la Gracia y puedas vivir entre los santos con el Santo.

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