martes, 3 de abril de 2012

¿En Qué Creemos?

Buen día, amados hermanos y hermanas. Que Dios rico en Misericordia y en Bondad muestre Su Amor a cada uno de nosotros, para que, por la intercesión de san Juan de Brito, sepamos hablar del Amor desde la Verdad y podamos ser verdaderos testigos de la fe que profesamos. Que esta Santa Semana sea una llena de conversión y de bendiciones para que nuestras vidas se parezcan más a la de nuestro Señor Jesucristo.
A veces es muy incómodo ver cómo muchos católicos, sencillamente, se dejan convencer de cristianos mediocres o de pseudo-cristianos y de sus doctrinas decadentes y antihumanas. Produce un dolor espiritual muy grande ver que, a pesar de que el mensaje de la Iglesia ha venido siendo anunciado durante cerca de dos mil años de una manera íntegra, hay quienes creen más fácil en una “conversión al Evangelio”, donde lo que salva es la fe, donde sólo basta decir que amas a Jesucristo para ser salvo, donde hay que atacar a los herejes que profesan algo distinto de lo que ya te han metido en la cabeza. Parece muy ilógico creer en el Jesucristo que nos muestran las sectas cristianas como si fuera el auténtico y mejor conocido, en lugar de creer en lo que la santa madre Iglesia ha venido diciendo sobre Él por largos años a la humanidad.

Si la Iglesia Católica, nosotros, somos tan malos y estamos al servicio del demonio, ¿por qué ocurren los milagros eucarísticos? Si tanto mal alberga la Iglesia, ¿por qué hay santos que no se corrompen? Estas cosas no suceden fuera de la Iglesia. Es más, las cosas que celebra el mundo con respecto de Jesucristo, se deben a la santa romana Iglesia: la Navidad, los Reyes Magos, la Semana Santa, el inicio del año civil en enero, que estemos en el año 2012, etc. ¿Cómo puede una persona cegarse ante tantas cosas que Dios ha permitido que sucedan a través de la Iglesia? Quizá alguno aducirá que, como Satanás es el príncipe de este mundo, todo lo que sucede en este mundo es por él, entonces la Iglesia está al servicio de él… y yo le responderé: “Entonces, tu vida, que está en este mundo, tu familia, que es de este mundo, tu trabajo, tus amigos, tu hogar, todo lo tuyo le pertenece a Satanás, porque sucede en este mundo”. ¡Cuánta incoherencia en tan solo un nivel de pensamiento!
Jesucristo fue claro al dejar la responsabilidad que dejó sobre los Apóstoles (cf. Mt. 18, 18) y de manera más explícita sobre Pedro (cf. Mt. 16, 19) de encargarse de la Iglesia. Jesucristo no era ajeno a la naturaleza humana, porque ya se había encarnado; por lo tanto, es de ingenuos pensar que esa responsabilidad fue sólo de los apóstoles. De ser así, el Espíritu Santo que fue dado a ellos quedó y murió con la muerte de ellos. Sin embargo, miles de católicos, empezando quizá por ti que lees esto, tienen dudas terribles en su fe gracias a estos argumentos infundados. Te daré un consejo: busca la Verdad de manera objetiva; cuanto más busques conocer la Verdad en Jesucristo, más te acercarás a la Iglesia. Ése es el testimonio de millones de hombres y mujeres que se dejan interpelar verdaderamente por Dios. “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad” (1 Tim. 2, 4), Verdad que se alcanza por dos vías: la fe y la razón. De no ser así, Dios te hubiera creado sin cerebro.
Es doloroso ver cómo el centro de nuestra fe, que nosotros celebramos según se ha realizado desde la misma noche de la Última Cena de nuestro Señor con sus amigos, se convierte en una excusa para ir a vacacionar. Se ve cuánto hemos crecido como sociedad o como mundo, que el trabajo no nos está dignificando, sino que queremos huir de él y no ser honrosos con nuestros cuerpos. Lo que celebramos cada Domingo en misa, lo que celebramos en cada Eucaristía es el misterio que celebraremos in extenso en este Santo Triduo; pero parece que es más fácil olvidar la fe. “Cuando venga el hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lc. 18, 8). Produce terror pensar que este gran tesoro que tenemos en la Iglesia, por voluntad divina (cf. Mt. 16, 18), lo ignoremos, lo despreciemos, lo relativicemos, y prefiramos creer en un Dios mágico, ajeno a las realidades humanas, y cuasi-dictatorial, que se olvida de lo que ha creado. ¿En qué creemos?
Los papas han afirmado siempre que el mundo necesita testigos creíbles del Evangelio de Jesucristo, personas comprometidas con su fe hasta tal punto que no haya que buscar demasiado en sus vidas para reconocer que han conocido a Jesucristo. Es cierto que siempre habrá personas del lado del demonio que buscarán dividir la unidad de los cristianos apelando a que tienen la razón, pero ¿estás dándoles motivos para que lo hagan? Los grandes escándalos de robos, mentiras, engaños, son sólo reflejo de cosas que suceden en nuestras familias y que nosotros permitimos y apoyamos con nuestros silencios. Demos, católicos, pasos en Fe y en Verdad. Que el Amor en la Verdad sea la fuerza impulsora del desarrollo de las personas y las sociedades (cf. Caritas in veritate, 1), que tú seas motivo de que los que te rodean quieran conocer ese Amor y esa Verdad. Que Dios te dé la Gracia de resucitar de esta santa manera con Su Hijo. ¡Feliz Triduo Santo!

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