martes, 28 de febrero de 2012

A Propósito de la Alianza

Bendiciones para todos, hermanos que buscan de Dios de manera sincera. Que esta semana completa sea una semana de bendiciones, que nuestros ayunos y sacrificios moderen nuestras pasiones para que podamos abrir los ojos y contemplar al Señor Dios, Dueño de todo lo creado, y podamos, por la intercesión san Hilario y san Torcuato, alcanzar el verdadero conocimiento de Él.
La Cuaresma es un tiempo de esperanza, es un tiempo de preparación, es un tiempo para caminar. No es la Cuaresma en sí un objetivo, sino un medio para llegar adecuadamente a la Pascua. Por ello es que debemos aprovecharla para darle el alimento que nuestra alma y nuestro cuerpo necesitan para encontrarse con el Señor resucitado. Este alimento es la moderación, pero sin olvidar la Providencia. Ser moderado es ser agradecido; la prudencia en nuestros afanes diarios es sinónimo de la esperanza en Dios, quien nos da lo necesario. Así mismo, Dios ha dado millones de cosas para el deleite del ser humano, y muchos los interpretan a partir de sus realidades. Tomemos, por ejemplo, el símbolo de la primera alianza con el ser humano: el arcoíris.

Dios ha prometido a Noé y toda su descendencia, incluyendo a los animales, que no volvería a purificar la tierra con el agua del diluvio. Más que ver un Dios que se arrepiente de lo que ha hecho, debemos ver un Dios que nunca contradice lo que dice, porque su Palabra es Una. Dios ha dicho “Hago un pacto con ustedes: el diluvio no volverá a destruir la vida, ni habrá otro diluvio que devaste la tierra” (Gén. 9, 11), queriendo decir que sólo hay una purificación necesaria, un solo bautismo, para limpiar lo creado de sus inmundicias. Dios, desde aquel entonces, ya afirmaba la existencia de un solo bautismo para el perdón de los pecados que hemos entrado en el mundo. Y para que constara esto entre todos los seres, ha dejado el arcoíris como señal de esta Verdad. Es decir, para que constara que Su Amor es real y no fue un arrepentimiento de lo que Él había creado, dejó la Luz que se refractaría en siete colores, dejó el Espíritu Santo en el bautizado que le otorgaría siete maravillosos dones que todos los verían.
El arcoíris es un recordatorio de Amor, no de duda de Dios. Pero tiene algo bien curioso, y es que, para que haya arcoíris es necesaria la luz blanca y la refracción por medio de las gotas de lluvia. La Luz, es obvio que es el Señor Dios, cuando nos ilumina y nos calienta; pero muchos toman la lluvia como sinónimo de tormenta, mostrándose así el cristal a través del cual contemplan su vida. Dice la Palabra de Dios que “así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come […]” (Is. 55, 10), es decir, que la lluvia es fecundidad. Las lluvias, las dificultades en nuestras vidas son necesarias, porque destruyen lo que deben destruir y fertilizan lo que deben fertilizar. Además, ¿de qué manera podrás mostrar lo que Dios te ha dado en tu bautismo y confirmación si no hay dificultades que permitan que rebote la Luz de Dios en ellas? ¿Cómo verán los demás esas gracias magníficas que llamamos dones si no hay medios que permitan que se amplifique esa Luz divina?
En lugar de tanto quejarte por las dificultades por las que pasas, y en lugar de ver las dificultades con una actitud fatalista, como si fuera algo sin remedio que hay que tolerar, contémplalas como las oportunidades para mostrar a los demás que Dios sí confirma tu fe. Sólo con estas dificultades podrás confirmar tu bautismo, la Luz que ha venido a habitar en ti. Cuando llueve en tu vida deberías disfrutar de esta lluvia; si son torrenciales, que ocultan el sol y no puede verse el arcoíris, es porque es necesario que haya hermanos que contemplen lo que sucede. Además, que no veas brillar el sol sobre tus problemas no quiere decir que no esté brillando por encima de ellos. Dios nunca se ha contradicho, y si, desde toda la eternidad, viene afirmando la Verdad de un solo bautismo y, por lo tanto, una sola fe, es porque quiere que tomes de Su Luz para que, con tus problemas, pueda verse en el mundo el signo de la Alianza de Amor que ha hecho contigo cuando te bautizaste.
Que vivas tu bautismo con la fe de Noé. Que vivas tu bautismo en esta Cuaresma con el Amor de Dios, que ha hecho Alianza eterna contigo para los demás. No te dejes confundir; el Señor hace brillar el sol para malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos (cf. Mt. 5, 45). La gran diferencia está en que los justos y buenos se dejan iluminar y mojar, y los tercos terminan quejándose de todo. Tú tienes la gran Alianza contigo, por el Bautismo, y que se renueva cada día por los sacramentos; vívela y deja que los demás vean las grandezas de Dios en la humanidad.

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