martes, 12 de julio de 2011

Sobre el Género y sus Interpretaciones (IV)

Buen día, hermanos y hermanas. Dios siga iluminando nuestras mentes y corazones para que podamos ser coherentes con las cosas que creemos y las que vivimos, y, tomando a Jesucristo como ejemplo único y verdadero, procuremos ser personas que protejan la dignidad humana ante cualquiera situación que lo amerite.
Los grupos de manifestantes homosexuales buscan tener libertad, pero para obtener los “derechos” que creen que merecen. El énfasis de la frase anterior no es en el “merecen” sino en el “creen”. No es que no merezcan derechos, es que ya los tienen y no los aceptan. Hay una incoherencia suficiente para que todo el mundo pueda darse cuenta que es una situación humana que no debe llegar a los lugares a los que ha llegado. Me refiero a que si se aceptan los mal llamados “derechos de los homosexuales” se está aceptando que este grupo considera que no tiene derechos -argumento que no es cierto-, o que los derechos que tienen ya por el mero hecho de ser humanos no son suficientes -que, de ser cierto, menosprecian su calidad y dignidad humanas-, o que hay que crear derechos para cada grupo humano (trabajadores, no trabajadores, hombres, mujeres, jóvenes, ancianos, enfermos, sanos, etc.) -cosa esta que es contraproducente y hasta negacionista de las realidades humanas-.

En agosto de 2008, el American College of Pediatricians (Colegio Norteamericano de Pediatras), con respecto de la promoción de la homosexualidad en las escuelas, elaboró una hoja informativa sobre ciertas realidades de la homosexualidad que pueden resumirse en: 1. la homosexualidad es una condición multifactorial, 2. puede ser modificada, 3. su promoción en adolescentes y niños puede ser peligrosa, 4. suele haber antecedentes de abuso sexual en los que la padecen, y, 5. tomarla como un estilo de vida produce grandes riesgos a la salud. ¿Cómo no tomar en cuenta estas conclusiones de expertos y considerarlas para las legislaciones? Olvidándonos por un momento de los asuntos morales, aprobar la homosexualidad como un estilo de vida (o, como algunos pseudocientíficos pretenden llamarla, una preferencia sexual) trae consecuencias graves para una nación y hasta para el mundo, por el tema de salud, por el tema de libertinaje, por el tema de disminución de la población por asuntos de procreación obvios. Si es una preferencia sexual, ¿por qué el masoquismo es considerado patológico, cuando también pudiera ser considerado como una preferencia? ¿O el incesto considerado como ilegal, cuando las personas también tienen derecho de amar incluso a sus hermanos o hijos hasta tener relaciones sexuales con ellos?
Al parecer, la política que se aplica a nivel mundial por parte de los grupos que defienden el “género” es la siguiente: cualquiera que esté en contra de nosotros, no se basa en datos científicos sino sólo en pasiones, y nosotros somos los únicos que entendemos la verdad sobre el ser humano. Si realmente les interesara la humanidad, no fueran tan egoístas en pensar eso, puesto que el daño moral, psicológico y espiritual (y en esto me refiero a todos los ámbitos humanos) es incluso peor que el daño a la salud por malos usos del cuerpo. Es cierto que la homosexualidad no puede ser considerada como una patología genética porque no se ha descubierto esto, y por igual no debería ser considerada como patología psicológica porque hay muchos factores de “voluntad” y “conciencia” de por medio; pero es aún más cierto que, por el hecho de no encontrarse una sola causa de la misma, por ello debe descartarse como enfermedad. Lo multifactorial tiene mucho que ver, y es innegable que las condiciones familiares suelen ser las mismas: el adolescente no se identifica con la figura del mismo sexo en su hogar (si el hogar posee ambas figuras paterna y materna) por cualquiera razón, padece algún abuso sexual en la infancia, y la actitud homosexual es reforzada por parte de quienes le rodean o los grupos sociales a los que pertenece.
Al final, lo que tenemos es un individuo que no ha tenido plena conciencia de lo que está decidiendo (sin incluir aquí a aquellos que padecen sólo de tendencias homosexuales) y, por lo tanto, no ha tenido una verdadera libertad para decidir, ya que la libertad implica una información vasta sobre aquello en lo que se decide, incluyendo, en este caso, todos los aspectos integrales del ser humano: biología, psicología, ética, sexualidad, espiritualidad. Siendo ésta la verdadera condición de un individuo que se denomina homosexual, la actitud nuestra debe ser de comprensión más que de ataque. Una verdadera ayuda para que pongan en práctica la real libertad que tienen por ser hijos de Dios consiste en lograr captar la atención de estos hermanos, quienes de por sí buscan ser atendidos, y, viéndolos con cuerpo-alma-espíritu que poseen, proporcionarles métodos integrales de recuperación.

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