martes, 31 de mayo de 2011

El Testimonio de María

Buen día, hermanos que se dejan bendecir por el Señor. Pidamos a Dios Todopoderoso y rico en Misericordia que siga haciendo cosas inmensas en nuestra vida para que, al igual que la Virgen María, seamos testigos gloriosos de la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo y ese testimonio lo vea todo el que nos rodea y pueda gozar, con nosotros, la alegría de haber resucitado.
Hoy es un día en el que podemos decir que se resume la historia de salvación completa y se resumen los años de Jesucristo en la tierra. Hoy celebramos la visitación de la Virgen María a santa Isabel, y vemos de manera muy clara y, a la vez, muy simbólica los pasos que daría y da nuestro Señor Jesucristo para lograr la salvación de cada uno de nosotros. Por ejemplo, san Lucas (1, 39) utiliza el término anístemi (gr. ἀνίστημι) para referirse a que María se puso en pie o en movimiento para ir a casa de Isabel. Lo curioso es que san Lucas sólo usa este término al referirse a la Resurrección de nuestro Señor (p.ej. cf. Mc. 8, 31; Lc. 24, 46) o acciones de índole espiritual. Es decir, en María se ve ya la acción de Aquel que se levanta para dar testimonio de la alegría que nos espera. Así, María es la primera testigo de las cosas que Dios hace en el que cree.

Por igual, el mismo versículo hace referencia a la región montañosa a la que ella se dirigía. Lucas no coloca esto como una referencia topográfica, ya que Lucas, al ser griego, desconoce mucha de la geografía de Palestina. Por lo tanto, él tiene una intención más significativa: la del profeta Isaías, quien proclama “¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz, del que anuncia la felicidad, del que proclama la salvación y dice a Sión: ‘¡Tu Dios reina!’” (52, 7). Ya en María podemos ver cumplidas las profecías del Salvador. En la Virgen María se manifiestan las bellezas del mensajero de Dios, de Aquel que viene a anunciar la Buena Noticia (cf. Mt. 11, 5), del que anuncia la felicidad esperanzadora del que no tenía esperanza. Así, María es la primera que anuncia la Buena Noticia, es la primera evangelista.
Además, haciendo referencia a la alegría, el texto nos dice que el niño saltó en el vientre de Isabel al escuchar el saludo de la Virgen María. Es un saludo no común, puesto que la alegría llega a los oídos de Isabel y, de ésta, pasa al niño. Se ve que en María hay una seguridad de lo que acababa de ocurrirle, y que realmente ha creído en lo que el ángel Gabriel le ha dicho. En esa casa que acaba de visitar había una duda grande, la de Zacarías, que aún estaba mudo. La duda produce un mutismo y el incrédulo no puede hablar de Aquel en quien debe creer; pero la fe produce una alegría que hace levantarse y que se transmite a todos. En la Virgen María vemos que hay un reflejo pleno de esta fe, de esta certeza, y por ello Isabel le dice “Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que se te ha anunciado de parte del Señor” (v. 45). María es la primera que goza de la alegría de aquellos que esperamos la Alegría eterna.
Esa alegría real es capaz de llenar a los demás del Espíritu Santo, como sucedió a santa Isabel, que la hizo exclamar “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!” (v. 42). Así se dicen cosas buenas (lat. benedicere) de la Virgen María, y se dirán cosas buenas de todo aquel que es capaz de creerse lo que Dios le ha dicho a través de miles de maneras. Esa bendición produce frutos instantáneos en el creyente, y María las recibe hasta el punto de celebrar con el Magníficat (vv. 46-55) todo el plan maestro de Dios: se fija en el humilde, se engrandece en el que se deja engrandecer por Él, es misericordioso y beneficia con bienes eternos al necesitado, y siempre es fiel. Así, en María se cumple la verdadera alegría del que se sabe santo por y para Dios.
Y así hay hermanos que no se relacionan con nuestra Madre. Recibe tú el gozo del Señor y, como la Virgen María, transmítelo con fe, y sólo así lograrás devolver esperanza y consuelo a aquellos que no creen. El testimonio es tu mejor mensaje, tu mejor palabra, tu mejor amén.

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