martes, 26 de abril de 2011

También por tus Hermanos

¡Buen día, hermano! Hoy es día de gozo y de testimonio. Pidamos juntos a Jesucristo que nos enseñe a amar hasta el extremo para que, entregando nuestras vidas como muestra de gratitud a Dios y de Amor a los hermanos, alcancemos la gloria celestial en el momento destinado para nosotros y gocemos de las delicias eternas con los ángeles y los santos.
Hoy es un excelente día para ser santo, ya que sobran motivos para dar testimonio de que tenemos un Cristo vivo entre nosotros. Sin embargo, para poder caminar en la santidad, como recordarán, es necesario ser conscientes de la fe que vivimos. Es decir, si no hacemos realmente nuestra esta fe y sólo vivimos de momentos en el día (una Eucaristía mal vivida, una reunión del grupo de oración o la comunidad, una oración hecha en bola de humo…), si no actuamos como cristianos que somos y dejamos que se nos olvide que hemos de ser ejemplo en todas partes, entonces no es fe lo que profesamos, sino momentos de distracción o hobbies. Una de las cosas de las que debes hacerte consciente es que también por tus hermanos resucitó Jesucristo.
Estamos bien alegres por la Resurrección y nos felicitamos entre los creyentes diciendo “Feliz Pascua de Resurrección” o “Jesucristo ha resucitado”. Seré muy sarcástico al decir: ¡Qué mérito! Nuevamente, si andas haciendo eso y no sales a hablar de lo sucedido, ¿qué mérito tienes? Si hablas de Jesucristo sólo a los que conocen de Jesucristo, ¿dónde está tu testimonio? Eso es un testimonio mediocre, porque los que felicitas por la Resurrección saben que Él ha resucitado. Es cierto que quizá no están plenamente conscientes de ello —como, igualmente, quizá yo mismo no lo estoy— y estés tratando de ayudarlos, pero eso es sólo una pequeña parte del testimonio. Sólo observa las primeras lecturas de todos estos días que nos propone la santa Madre Iglesia: en todas las lecturas los discípulos salen de sus miedos y comodidades a predicar la noticia del Resucitado.
Tus hermanos “del mundo”, como les dicen muchos, son hermanos que, igual que tú, están en el mundo pero no son del mundo. Aunque ellos hagan todo según el mundo y no quieran reconocer la Gloria que debe merecer Dios por tan grandes actos de Amor para los seres humanos, no quiere decir que se incluyen en el plan de Dios sólo si se acercan a Él. Ellos también fueron merecedores de la Redención porque Jesucristo los hizo merecedores por Amor. Si murió nuestro Señor por Poncio Pilato, por Herodes, por Moisés, por Jacob, por Abraham, por Adán y por Eva, ¿no moriría también por tus hijos, primos, tíos, amigos, compañeros de trabajo que se burlan de tu fe? Ya lo diría el Señor: “Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí” (Jn. 15, 18).
Es a los que no saben de la Resurrección que María Magdalena va a contarle que Jesucristo ha Resucitado (cf. Jn. 20, 11-18) y es a los que se encargaron de entregar a Jesucristo a una cruz que Pedro les dirigió el mensaje de conversión (cf. Hch. 2, 36-41), y es la tierra completa que queda llena de la Misericordia de Dios (cf. Sal. 32). Realmente, parece que los cristianos han caído en una especie de egoísmo, porque esperan que todo lo que dicen las Escrituras y todo lo que hacemos por la Tradición se aplique a ellos y ya. ¿Dónde está la evangelización? ¿Dónde queda el anuncio del mensaje? Sólo se anuncia al que desconoce, y eso sucede en todas partes. Fíjate cuántos de los que te rodean han vivido este Misterio de Gloria. El problema es que siempre estamos esperando que alguien dé el primer paso, sin saber que el nuncio (aquel delegado para llevar una noticia) de la Resurrección eres tú mismo.
Aunque no te lo digan, tus hermanos que no creen están en una cuaresma eterna, donde sufren de cansancio, hacen ayunos de Dios y de Sus Bondades, padecen tentaciones y caen en ellas y nuevamente deben empezar su compromiso de ser mejores, y tienen la esperanza de que algún día algo va a cambiar. ¿Cuándo les anunciarás al Salvador? ¿Cuándo les dirás que su cuaresma no tiene sentido si no tienen la Esperanza de una Pascua que culmina en la Resurrección? ¿Cuándo harás tu papel de Juan el Bautista, de Apóstol, de Ángel, de María Magdalena? ¿Cuándo harás que ellos reconozcan que también por ellos ha muerto y resucitado Aquel que les amó hasta el extremo? No esperes más; hoy es el mejor día para empezar el anuncio a todo el Universo.

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