martes, 22 de marzo de 2011

Es Ser, No Hacer

Dios se engrandece en nuestras vidas, hermanos y hermanas. Pidamos a ese Dios que ha sido mostrado con Amor por nuestro Señor Jesucristo que, por la intercesión gloriosa de todos los santos apóstoles, nos guíe con Su Luz y Su Verdad para que no caigamos en la muerte eterna por querer andar como ignorantes en esta oscuridad del mundo y salgamos victoriosos en el día final para gloria Suya.
¿Hasta cuándo seguiremos andando ciegos? ¿Realmente, hasta cuándo estaremos tan llenos de nada? Tienen mucha razón los cristianos no-católicos al querer defender su postura doctrinal con los malos ejemplos y débiles argumentos que nosotros llevamos. Y no es que tienen razón de por sí, sino que su justificación es válida. Si una ley existe, pero nadie la cumple ni busca que otros la cumplan, esa ley es prácticamente inútil. Así sucede con nosotros: nuestra doctrina, cimentada en el mismo Jesucristo ya que fuimos fundados por Él, pudiera parecer innecesaria y hasta inútil porque hay hermanos entre nosotros que son, sencillamente, lentos en conocer de Dios. Ya me explico por qué nuestro Señor se molestaba tanto con sus discípulos (cf. Mt. 17, 17; Mc. 9, 19; Lc. 9, 41). Y digo todo esto porque he escuchado y leído una serie de críticas hacia la Iglesia de parte de los mismos católicos.
Realmente, ¿cuál es el problema? ¿Qué es lo que tanto te quejas de tu Iglesia? ¿Qué es lo que tanto criticas? ¿Qué es lo que tanto dices que debe cambiar? Por un lado, el celibato sacerdotal, por otro, la ordenación de hombres; por un lado, la Eucaristía, por otro, la confesión… ¿Qué tan terco puedes ser? ¿Qué es lo que no se entiende? Desde hace casi dos mil años nuestra fe ha sido siempre la misma. Nunca hemos cambiado nada de ella, sino la manifestación de la misma. No entiendo qué es lo que te hace pensar que la Iglesia es machista porque ordena a hombres como sacerdotes, si fue instituida por Jesucristo, por quien todo lo que existe fue creado, y que, por lo tanto, debe conocer perfectamente lo que hizo. Si crees que eso de ordenar hombres debe cambiar, ya dices que Jesucristo no sabía lo que hacía o era, sencillamente, un hombre más que respondió a una época y cultura. Lo mismo dices con el celibato. Si realmente es innecesario, ¿por qué Jesucristo se quedó célibe, o por qué Pablo lo recomienda, o por qué los apóstoles asumieron esa condición, o por qué, actualmente, se ve que mejor desempeñan el ministerio los célibes? Además, si quienes se consagran aceptan el mandato divino, ¿qué haces tú rechazándolo si no te consagras? Si niegas que el celibato es necesario, ya dices que la Iglesia no habla ni actúa en nombre de Jesucristo y, por tanto, Jesucristo no le dio autoridad para nada. Por favor, ni hablemos de la Eucaristía ni de la confesión, ni de la consagración de vírgenes, ni de las devociones, ni de la adoración al Santísimo Sacramento, ni de los hábitos y vestimentas, ni de los gestos y símbolos, ni de las palabras y signos.
Me pregunto en qué Iglesia es que crees. No. Mejor me pregunto: ¿Cuántos católicos hay en la Iglesia Católica? ¿Cuántos viven su unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad? Me aterra pensar que hay muchos que no aceptan las enseñanzas de la Iglesia, incluso entre los que leen esta reflexión. ¿De qué Dios y Señor es que hablamos si no es coherente? La Iglesia es auxiliada por el Espíritu Santo. Es Él y nadie más quien ha permitido que llegue hasta hoy y que llegue hasta el final de los días porque “ni el poder de la Muerte prevalecerá contra ella” (Mt. 16, 18b). Entonces hay dos maneras de catalogar a los católicos: primero, los que creen y obedecen y, segundo, los que no saben en qué creen y, por ello, no obedecen. ¿Qué tan grande ignorancia puede haber? ¿Qué estás haciendo tú, si eres de los primeros, para que tus hermanos conozcan y vivan su fe? ¿O qué estás haciendo tú, si eres de los segundos, para que puedas conocer y vivir tu fe en unidad con la Iglesia?
Sinceramente, no sé qué pensar. Siempre hay que dejar que “otro” haga y que “otro” se disponga a empezar. Y, sin embargo, esa pereza es una falta grave, ya que Jesucristo no llamó a otro, sino que te llamó a ti. Tantas cosas por hacer, y poca gente que quiera hacerla; mucha es la mies y pocos son los trabajadores. Ojalá escuches hoy la voz del Señor: No endurezcas tu corazón (cf. Sal. 95, 7b-8a). Ojalá hable Dios a tu corazón en esta Cuaresma y te permita darte cuenta que lo que haces hasta ahora, si haces algo, no es suficiente. No es sólo hacer, sino enseñar a otros que hagan… Es más, es ser, no hacer. Ser cristiano es ser de Jesucristo, ser ungido, ser elegido para ser para los demás y para Dios. El cristiano es un cirio que se gasta para dar luz a los demás. Aprovecha este tiempo y revisa también tu ser y tu actuar, para que puedas, como Jesucristo, resucitar y resucitar a tus hermanos a la vida eterna que es la contemplación de Dios en Su Gloria con tus hermanos elegidos.

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