martes, 22 de febrero de 2011

Dones (III): Las Consecuencias

Buen día, hermanos. Que el Señor lleno de Misericordia y Sabiduría nos muestre el único camino de la Verdad y que, por la intercesión de san Pedro, apóstol y cabeza de Su Iglesia, podamos alcanzar juntos la plenitud del Amor unitario.
La fiesta que celebramos hoy, la cátedra del apóstol san Pedro, nos ofrece un excelente pie para continuar nuestras reflexiones sobre los dones que hemos recibido de Dios. En su primera carta, el príncipe de los Apóstoles nos muestra claramente que quienes han recibido ciertos dones para gobernar deben hacerlo como Dios lo haría (5, 1-4), es decir, siendo modelos para el rebaño. Y quizá muchos de nosotros ni nos percatamos de que somos gobernantes de mucha gente por los dones que hemos recibido. En el momento mismo, por ejemplo, en el que diriges unas palabras de sabiduría a algún hermano desorientado, o de consuelo a algún hermano triste, o de corrección a un hermano perdido, estás entrando en su interior y estás dirigiendo sus actos y su vida. Pero no solemos percatarnos de la grandeza que tenemos en nuestras manos y, a veces, hacemos más daño que bien.
¿Cuáles son las consecuencias de recibir estos dones? Pueden ser consecuencias tanto positivas como negativas, pero depende del grado de consciencia con que hagamos las cosas. El Señor Jesús nos habla de esto en la parábola de los talentos, pero no nos quedemos sólo en eso. Si realmente estás consciente de que los tesoros que has recibido son un préstamo de Dios, entonces te empeñarás en ponerlos a producir, si no, pues no harás nada. Si los pones a producir, te pondrá Dios en cosas mayores (cf. Mt. 25, 21.23), si no, te quitará tus méritos y quedarás en el pecado (cf. Mt. 25, 28-30). Te aseguro que no sabías que no poner a producir tus frutos es un pecado. ¿Qué es lo que sucede contigo, un cristiano del siglo XXI, que relativizas hasta lo de Dios? Lo que sucede es que no acabas de creer, realmente, que Jesús está vivo. No acabas de creer en Él y, en muchas ocasiones, crees que todo esto es un estilo de vida o un conjunto de sentimientos optimistas. Te has dejado influenciar por este mundo que ofrece tantos callejones sin salidas.
El dador de los dones es real, tan real como tú que los recibiste. Por el hecho de que no puedas verlo (aún) no debes pensar en Él como un ser sumamente distante de ti. Y muchas veces puede cruzarte por la cabeza el querer haber vivido en tiempos de Jesús con los apóstoles, para entenderlo, para amarlo, para predicar de Su Amor. Pero tú tienes algo que los apóstoles no tuvieron, y es poder estar en Jesús. Ellos estuvieron con Él, pero tú tienes la gracia de estar con Él y en Él. Por esta razón es que Él mismo te dice que podrás hacer cosas aún mayores que las que Él hizo (cf. Mt. 21, 21-22; Jn. 14, 12). No es vendiéndote un sueño, es que podrás sanar enfermos, conocer las cosas de Dios, resucitar muertos y muchas cosas más. Pero, nuevamente, te digo, depende de lo que hagas con tus dones.
Si eres de aquellos que tienen la facilidad de hacer amigos y convencerlos de ser mejores, y no utilizas eso predicando para el servicio de Dios, eres un necio. Si eres de aquellos con facilidad para aprender cosas, y no utilizas eso formando o educando para el servicio de Dios, eres un necio. Si eres de aquellos con facilidad para ser líderes, y no utilizas eso emprendiendo obras o ministerios para el servicio de Dios, eres un necio. Y ya podría dedicarme a dar un sinnúmero de ejemplos, y si aún no entiendes que lo que eres lo eres por Dios y lo que tienes lo tienes por Dios y que estás llamado a dar el ciento por ciento de tu vida para que los demás sean mejores en su conocimiento de Dios, eres un necio.
La Iglesia está repleta de gente que se hacen llamar seguidores de Jesús, pero ¿quién aplica aquello de amar a sus enemigos o de orar por quienes le persiguen (cf. Mt. 5, 44)? ¿O quién aplica aquello de no servir al dinero o de andar agobiados por lo que van a comer o a vestir (cf. Mt. 6, 24-25)? Y si eso soy yo que me siento triste por la manera en la que muchos hermanos se comportan en la Iglesia, ¿cómo se sentirá el Señor al ver Su obra tan mal utilizada por nosotros? Este mundo ofrece soluciones que parecen sencillas, pero que esclavizan tu vida a cosas materiales y pasajeras. No te dejes llevar por esas ofertas, ni te quedes sólo en las ideas de lo bueno, ni en asuntos meramente personales. Hay muchas cosas por hacer y pocos cristianos dispuestos a hacerlas: hermanos cercanos que necesitan ayuda psicológica o material, hombres y mujeres necesitados de una buena alfabetización, niños faltos de una figura paterna o materna ejemplar, jóvenes con carencias de atención… Sólo si te comportas como el Dueño de todo, es decir, en base al Amor, sin importar lo que el mundo pueda presentarte, “cuando llegue el Jefe de los pastores, recibirás la corona imperecedera de gloria” (1 Pe. 5,4).

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