martes, 3 de agosto de 2010

Una Buena Relación Con Dios

Buen día, hermanos. Juntos pidámosle a Dios que nos enseñe a tener una relación más cercana a Él y que, por la intercesión de su Madre, la Virgen María, y por la intercesión de santo Domingo de Guzmán, aprendamos a escucharlo a Él como el verdadero Padre que quiere ser para nosotros para poder actuar como verdaderos hijos Suyos ante toda situación que nos presente el mundo.

Ya hemos empezado el mes de agosto, y lo empezamos un Domingo, pero no un Domingo cualquiera, sino uno donde Dios nos habla de la diferencia entre los bienes terrenales y los bienes espirituales, y de cómo debemos poner nuestra confianza en Aquel que da descanso a quien en Él confía y lo sacia en tiempos de hambre (cf. Sal. 36). Lo interesante de esto es que para nosotros el mes de agosto es tan importante que existe, incluso, una frase en castellano que hace referencia al mismo: “hacer su agosto”. Agosto no es sólo el mes en el que muchos esperan realizar algún tipo de cosecha —de ahí procede la frase—, sino que también es el mes en el cual se abarrotan los hoteles y lugares turísticos y en el cual se hacen las mayores fiestas y campamentos a manera de despedir las vacaciones, porque agosto es también el mes donde inicia el año académico para la inmensa mayoría de las instituciones del mundo. A final de cuentas, agosto siempre ha sido un mes importante para todo el mundo. Y Dios ha pensado también lo mismo.


San Pablo nos dice “Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con Él” (Col. 3, 1-4). Una de las frases más hermosas de esa predicación de Pablo a los colosenses es que nuestra vida está oculta con Cristo en Dios, es decir, que Dios nos reconoce como otros cristos cuando hemos muerto con Su Hijo, y, por lo tanto, hemos resucitado también con Él. Pero, para ello, hay que llevar una buena relación con Ese que muere y resucita para salvación de muchos. Y esa relación es la que quiere Dios que tengamos, para que agosto no sea motivo de acumular cosas en esta tierra, sino de ver esas cosas como motivo y oportunidades de ayuda.

¿Qué hicieron san Eusebio de Vercelli, santo Domingo de Guzmán, san Lorenzo, san Maximiliano Kolbe, san Pío X, santa Rosa de Lima, san Bartolomé, santa Mónica, san Agustín, cuyas memorias celebramos todo este mes, para ser conocidos como amigos de Dios? Es más, ¿qué hizo nuestra Madre María para ser asunta al Cielo, solemnidad que celebramos también este mes de agosto? Pues, lo único que hicieron fue dejarse llevar por Dios. O sea que, si nos vamos a aclarar términos, en realidad ellos no hicieron nada, sino que dejaron que Dios hiciera en sus vidas lo que Él quiso hacer. Y así, todos estos hermanos nuestros que hoy consideramos santos y modelos de virtudes, fueron configurándose con Cristo, fueron haciéndose otros cristos y fueron cambiando sus vidas por la vida del Señor. En resumen, fueron transfigurándose y se dejaron hacer amigos de Dios —la Transfiguración del Señor es la fiesta más grande que celebramos en este mes—, donde Dios se muestra alegre de poder ser mostrado por estos humildes hijos Suyos y se engrandece en ellos.

Para hacer las grandes cosas del Señor, hay que hacerse pequeño en las cosas del mundo. Para ser grande en el Señor, hay que olvidarse de sí mismo y reconocer que sólo el Grande es capaz de engrandecerte, y permitir que te engrandezca. ¡Qué sorpresa es ver que el último Domingo de este mes concluya el Señor diciéndonos que “todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado” (Lc. 14, 11)! Dios tiene un plan perfectísimo para tu vida, pero no como algo que te afecta emocionalmente, sino que es algo real, algo tangible, algo aplicable a tu día a día. El milagro de Pedro caminando sobre las aguas con Jesucristo que leemos hoy en el Evangelio (cf. Mt. 14, 22-36) no es una historia bonita de interpretación, sino que realmente sucedió. Si Dios te dice que caminarás sobre las aguas, caminarás sobre las aguas. Lo único que debes tener una buena relación con el Señor. Dios te ama tanto que quiere que abras los ojos de la fe y entiendas que esto se aplica a tu vida. Si Dios te dice que caminarás sobre tus problemas, caminarás sobre tus problemas. Si Dios te dice que aprenderás de estas situaciones de dificultad, aprenderás de estas situaciones de dificultad.

Es muy sencillo, como diría la beata Teresa de Calcuta: Si sucede, es porque Dios quiso que sucediera; si no sucede, es porque Dios quiso que no sucediera. Sólo te toma tener una buena relación con Dios, y para eso hay que amarlo, buscarlo, conocerlo. Él no se esconde, sino que nosotros nos escondemos en Él. Él no se hace esperar, sino que nos enseña a esperar en Su Tiempo. Dios es quien te ama más que nadie en este mundo, tanto te ama que desea que te sientas amado por ese Amor y te dejes abrasar en Él, para que sigas amando en Verdad, el Amor en la Verdad.

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